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miércoles, 17 de diciembre de 2014

RECONEXIÓN: UN PUENTE ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

El trabajo con las energías cosmotelúricas es materia delicada, pues muchos aspectos energéticos, como el orgón, son difíciles de medir directamente por procedimientos convencionales y utilizando aparatología electrónica. Los seres humanos estamos anclados a la razón y ésta nos inclina a pensar, de un modo limitante, que únicamente existe aquello que nuestros cinco sentidos básicos pueden percibir, principalmente el tacto y la vista, a pesar de ser conscientes de que tenemos otros sentidos, como el kinestésico, que también es un sentido muy "terrenal", al que no tenemos costumbre de poner atención. Desgraciadamente, este hombre moderno está tan culturizado que es incapaz de pensar fuera de la caja, entendiendo por caja el convencionalismo cultural o paradigma dominante de su ámbito de conocimiento, de modo que es habitual que el común mortal, en un alarde de inteligencia, haga el siguiente comentario ante cualquier alternativa al convencionalismo imperante "... si eso fuera cierto, saldría por la TV" o algo por el estilo. En realidad, si la humanidad ha evolucionado algo es, fundamentalmente, por haber salido de esta caja y no por permanecer en ella, lo cual pone de relive que dentro de la caja no hay NADA QUE INTERESE a quienes buscamos la verdad. La caja es un contenedor estanco al que únicamente se incorpora aquello que es coherente con su contenido y su contenido está estancado y muerto. Es necesario trascender la caja, superar sus límites y, ojo, no digo negar, sino trascender.



El hombre se diferencia de otros cuadrúpedos por su postura erguida, planta sus piés donde el resto apoya las uñas o la punta de sus dedos, tiene la columna vertebral en posición vertical, como una antena, y la cabeza en la parte más alta del cuerpo, de modo que funciona eléctrica y energéticamente como una eficiente antena, emisor-receptor de energía entre la superficie del planeta y el cosmos. Esto no puede ser casual, de hecho el desarrollo de la inteligencia humana tiene mucho que ver con ello y, desde una perspectiva bioelectomagnética, también resulta trascendente. Es comprobable que entre nuestra cabeza y nuestros pies existe una diferencia de potencial y que el agua de nuestro organismo, cargada de sales minerales, es un excelente electrolito, por lo que parece razonable pensar que esta función de conductor tiene un sentido biológico, al menos, como todos los animales y otro de una naturaleza, digamos, más "misteriosa", aunque evidente relacionado con la conexión cielo-tierra. 



También sabemos que existen multitud de fenómenos físicos que producen campos electromagnéticos y que nuestro biocampo interactúa con ellos. Por ejemplo, si nuestra ropa entra en fricción con un material aislante, el rozamiento genera una carga eléctrica estática. Si nos aproximamos a un motor eléctrico o a un campo eléctrico, este campo interfiere con el nuestro y nos transmite carga eléctrica, si pasamos bajo una línea de alta tensión (o sobre ella, que es peor) nos cargamos eléctricamente; si usamos (o, aunque no lo usemos) el teléfono móvil, las microondas que utilizan las transmisiones de telefonía nos cargan eléctricamente; si utilizamos una lavadora, una batidora, una cocina de inducción o vemos la televisión, nos cargamos eléctricamente; si el cabecero de nuestra cama tiene enchufes o interruptores de luz, que es lo habitual, o si tenemos un despertador electrico o el transformador del móvil a nuestro lado mientras dormimos, nos cargamos eléctricamente, incluso si el que lo hace es nuestro vecino, ya que los materiales de construcción son transparentes a las ondas electromagnéticas... y podríamos seguir. Existen personas extremadamente sensibles a estas influencias, lo cual, aunque es una gran molestia en sus vidas, no deja de ser también una garantía de seguridad respecto de los que no somos sensibles y las padecemos sin ser conscientes de ello.

INFORMACION SOBRE ELECTROSENSIBILIDAD
DOCUMENTAL SOBRE ELECTROSENSIBILIDAD


El porqué nos cargamos con todas estas influencias externas resulta evidente. La respuesta es que no podemos transmitir la carga electrica a ningún otro lugar porque estamos aislados por nuestra ropa, llena de fibras sintéticas, y por la suela de goma de nuestro calzado, fundamentalmente. Existen otras razones que deberían preocuparnos si las anteriormente expuestas no lo hacen y tienen que ver con los procesos inflamatorios del organismo. La inflamación, muy resumidamente, es una función de respuesta inmunológica que tiene como objetivo destruir y eliminar patógenos y células indeseables de nuestro organismo, es decir, es una función necesaria y benéfica para nuestra salud, en principio. El problema es que no se trata de una función inteligente sino de una respuesta de tipo electroquímico que obedece a un estímulo. Normalmente, este estímulo se produce en circunstancias en que la intervención es requerida para sanarnos y, en este caso, se denomina inflamación aguda... pero, existe otra respuesta inflamatoria, llamada crónica, que se produce como respuesta inmunológica a una supuesta agresión y cuyo carácter de persistencia es tremendamente perjudicial para nosotros, pues se convierte en una respuesta autoinmune, es decir, combate el organismo en lugar de sanarlo.
 

Pero ¿tiene esto algo que ver con la arquitectura? os estaréis preguntando. Tiene y mucho, con la arquitectura y con ciertas costumbres y hábitos que debemos reconsiderar. Así que, paciencia.Veamos qué ocurre con este tipo crónico de inflamación y sus consecuencias.

El contacto con la tierra ha sido tradicionalmente usado como medio de sanación en las culturas indígenas.

El origen es de naturaleza electroquímica. Los leucocitos especializados del sistema inmune generan y transportan sustancias cargadas positivamente (carentes de electrones) a las zonas dañadas o agredidas (por ejemplo, una herida). Éstas sustancias se denominan radicales libres y se encargan de destruir la materia orgánica con la que entran en contacto por una reacción electroquímica programada. Normalmente este proceso es selectivo y localizado, pero si nuestro campo electromagnético se vé alterado de tal manera que nos vemos cargados positivamente, de forma artificial, la respuesta bilógica del sistema inmune es automática y nos ataca indiferenciadamente, causando un deterioro progresivo del organismo, envejecimiento prematuro y exposición a todo tipo de enfermedades. Por supuesto, el empleo de fármacos antiinflamatorios en estos casos, sólo hace agravar la situación y añadir toxicidad al problema. No entraremos en una explicación técnica y pormenorizada del proceso y espero que lo anterior sea suficiente para entender lo poco que nos interesa estar en una situación de inflamación crónica motivada por acumulación de carga eléctrica positiva.


La solución mas inmediata y fácil a este problema es la siguiente. Conectarse a tierra. Simplemente, pruébalo!

Para más información sobre earthing.

Si estudiamos un poco nuestro entorno cotidiano, los materiales que nos rodean y con los que estamos en contacto permanente ¿qué conclusión podremos sacar?.

  • ¿Son materiales artificiales o naturales ?
  • ¿Son aislantes o conductores?
  • ¿Tienen superficies rugosas o lisas?
  • ¿Tienen salientes, picos, ángulos vivos, resaltes, rincones ó son formas curvas, ergonómicas y redondeadas?
Resumidamente, el primer grupo, no inteesa.

Por tanto, el diseño de nuestros edificios deberá contemplar esta circunstacia, de modo que favorezca en cada momento la descarga de electricidad estática de nuestro cuerpo, de todas las instalaciones y aparatos que existan en él y de todos los materiales y elementos de mobiliario que lo constituyan o contenga.

Este cambio de enfoque, debe hacerte consciente de que, independientemente del coste que tengan, hay materiales que no debes utilizar. Por ejemplo, no utilices laminados como pavimento si no están conectados a tierra con un sistema eficiente, están barnizados con un producto sintético, como el poliuretano, ó tienen acabado plástico, incluso una madera noble barnizada no es apta en nuestro caso. No utilices pintura plástica en los revestimientos, moquetas acrílicas ni materiales con revestimiento sintético. No lo hagas o provocarás que tus clientes enfermen. 



Caminar descalzo sobre una superficie húmeda, como la hierba o la arena de la playa, no sólo nos conecta eléctricamete a tierra, también tiene un efecto terapéutico al activar las zonas reflejas del pié, que asocian estas terminaciones nerviosas con los órganos internos y diferentes sistemas energéticoa del cuerpo. Por tanto, un hábito saludable será caminar descalzo o con calcetines de algodón o lana sobre un pavimento conductivo, como tierra, cerámica, hormigón pulido, piedra natural o madera de alta densidad tratada con aceite. Si tenemos alfombras habrán de ser de piel, lana natural, fibra vegetal, lino o algodón, nunca de material sintético. Los paramentos deberán ser cerámicos, de madera de alta densidad, cemento, cal o yeso y pinturas orgánicas o al temple, nunca plásticas.

La calefacción por suelo radiante, si es eléctrica, es nefasta, si lo es por agua en tubo de polietileno es menos mala, pero hay que tener en cuenta que el agua en movimiento activa las redes geomagnéticas y eso no nos interesa. El único suelo radiante que recomiendo es el que funciona por aire caliente, la famosa Gloria castellana, de origen romano según tengo entendido que, además, contribuye al funcionamiento bioclimático del edificio si se gestiona adecuadamente como intercambiador de calor en el sistema de ventilación.


El edificio, no sólo deberá tener conectada a tierra su estructura, sino disponer de una red de conexión a tierra con tomas disponibles en todas las habitaciones, donde deberemos conectar todo chisme eléctrico junto al que debamos permanecer cierto tiempo, sobre todo, por la noche. Esta instalación puede disponerse sobre la altura del rodapié y tendrá varios puntos de contacto a la red vertical de TT. Con esta disposición conseguiremos equilibrar el potencial electrico en la base de muros y tabiques y evitar, por tanto, la presencia de humedades por capilaridad, como efecto residual. Por otro lado, es importante que aquellos elementos de mobiliario que utilizamos durante un tiempo prolongado, estén conectados a tierra. Por ejemplo, el asiento de trabajo o la cama, ésta última, sobre todo si tiene estructura metálica. Por supuesto, hay que evitar los emparrillados metálicos no conectados a tierra, como los colchones de muelles. Introducir los pies en agua fría (con el desagüe abierto o en un recipiente conectado a tierra), caminar descalzo, etc elimina la carga estática que acumulamos y equilibra nuestro estado energético y eléctrico, como medidas básicas a introducir en nuestras rutinas diarias.



La conexión a tierra del edificio tiene otros muchos beneficios menos evidentes pero igualmente benéficos, relacionados con la geometría sagrada, por ejemplo, que exceden la pretensión del presente artículo pero no debemos olvidar. Debemos tener siempre presente que en el universo todo está interconectado, todo está en contínuo cambio y todo se comunica entre sí. Entender estos tres principios es básico para integrar otros conocimientos y experiencias.


jueves, 10 de abril de 2014

¿QUE ES UN CAPACITOR BIOLÓGICO?

Uno de los aspectos más determinantes a la hora de evaluar la bondad o perniciosidad de un diseño arquitectónico es el de CAPACITANCIA. Es importante prestar atención a este concepto pues me atrevo a asegurar que, cualquiera que lo domine y aplique a sus diseños, introducirá una variable cualitativa a su arquitectura difícilmente superable, al menos, según los criterios de calidad arquitectónica que se contemplan en ARQUITECTURA INTEGRATIVA. Veamos de qué se trata.

La capacitancia es un término empleado principalmente en electrónica y que se refiere a la capacidad de acumular y mantener la carga eléctrica. Asímismo, un capacitor o condensador es el elemento "capaz" de llevar a cabo esta función. Pues bien, existe una relación comprobada científicamente entre la capacitancia de carga eléctrica de un ambiente y la biología que se refiere a que cuanto más capacitivo es un espacio, mejor prosperan en él las formas de vida... al menos, las compatibles con la vida humana, los animales superiores y las plantas (vida en el tercer nivel dimensional), ya que los hongos, bacterias y virus responden mejor a otras condiciones energéticas, al igual que los insectos. La aplicación de este criterio es la que ocupa el concepto de ARQUITECTURA BIOLÓGIA que podéis leer en este documento  de Arturo Ponce de León.


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Por tanto, conseguir que un espacio arquitectónico esté diseñado de modo que sea capaz de acumular carga eléctrica proporcionará a sus usuarios un nivel de confort superior, no evaluable por los simples parámetros de humedad y temperatura que nos enseñan en las escuelas, los cuales son solo unos factores, y no precisamente los más importantes, para determinar si un ambiente es favorable biológicamente o no (eso sí, son fáciles de medir, que parece que es lo único que interesa). Tal vez, deberíamos aprender a discriminar para ser precisos, conceptos como el confort térmico asociado a las condiciones de humedad y temperatura, del confort electromágnético o del confort bioenergético... lo que pasa es que, si lo hiciéramos, tal vez tendríamos que demoler más del 90% de los edificios del planeta y es mejor no plantearse el problema para no tener que resolverlo (así que, mejor lo metemos debajo de la alfombra). No obstante, nada impide que cualquier profesional responsable de su tarea se tome el trabajo de aprender a resolver esto y lo aplique a sus edificios, aún a sabiendas que no recibirá reconocimiento oficial (aunque seguro que lo agradecerán sus clientes).

(*) Aquí es importante hacer una pequeña aclaración respecto del tipo de carga que se acumula. No es lo mismo la energía orgónica, de naturaleza escalar y que se intercambia continuamente, es decir se encuentra en flujo constante, se retroalimenta o como lo se quiera entender, que la acumulación de carga estática. El acumulador o capacitor funciona de forma pulsante, es decir, acumula y distribuye, (del mismo modo que actúan los codones de ADN  a través de su estructura geométrica, combinando, alternadamente, moléculas exagonales (creación-captación) con pentagonales (distribución-potenciación) que conforman los puentes entre sus fibras helicoidales). La circulación de carga eléctrica se produce, del mismo modo, en un flujo constante de carga y descarga y es una energía "reconstituyente", por decirlo así. Sin embargo, la carga estática está constituida por iones de signo o carga eléctrica positiva y se produce en presencia de elementos aislantes, como los plásticos y los barnices, bien por fricción (suelas de goma contra pavimentos sintéticos o barnizados, por ejemplo), bien motivada por los campos electromagnéticos emitidos por la circulación (o simple presencia) de los circuitos eléctricos, equipos eléctricos, motores, transformadores, lámparas, etc que inundan nuestros hogares. Esta carga, hace presa en nuestro organismo y es inductora directa en la creación de radicales libres y la desestructuración de del polímero ideal de agua, de estructura geométrica hemioctaédrica o piramidal, en su forma de monómero (5H2O ==> H2O+H2O+H2O+H2O+H2O). Esta carga estática es tremendamente perjucicial para la salud y se hablará de ello en el artículo sobre la reconexión, que se encuentra en preparación.




La capacitancia, a los efectos biológicos está asociada muy directamente a la geometría, ya que es precisamente la simetría o asimetría de un campo electromagnético la condición que permite que las estructura vivas sigan un plan de desarrollo coherente. En este sentido, dado que la naturaleza utiliza este mecanismo de forma recurrente y sin ningún esfuerzo, lo lógico sería, en principio, utilizar los mismos  recursos que la naturaleza para crear nuestros entornos habitables. A grosso modo, este el el principio que sustenta el concepto de ARQUITECTURA BIOLÓGICA. A partir de aquí, llamaremos GEOMETRIA SAGRADA, en realidad a lo que es la geometría natural, es decir, la geometría coherente biológicamente o sustentable. De este modo, vemos que existe una estrecha relación entre la geometría y la capacitancia y, por tanto, entre la geometría y la vida, lo cual es muy interesante ¿verdad? Pero, también podemos sacar otra regla útil y práctica que es la siguiente. Los modelos que utiliza la naturaleza para su desarrollo pueden ser aplicados con éxito, en términos de sustentabilidad, a la arquitectura. Esto es muy interesante también ya que, en ausencia de otra fuente de inspiración, siempre podremos imitar los modelos naturales y así obtener espléndidos resultados. Algunos arquitectos ensayaron esta estrategia en su obra y ésta fué muy celebrada, como es el caso del gran Fernando Higueras. A pesar de no tener en consideración otros factores importantes esto pierde relevancia ya que, la"simple" aplicación del criterio de generación de geometría orgánica proporciona unas cualidades excepcionales a sus edificios. Escuchad con atención las sabias palabras del maestro.


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Otro concepto importante a considerar es que, a parte de la geometría, existen ciertas condiciones que permiten a un capacitor funcionar como tal, esto se refiere a su composición. Es necesario, para que un capacitor o condensador funcione correctamente, es decir sea capaz de acumular carga estática para descargarla después, que se componga de sucesivos envoltorios metálicos (o conductores de electricidad) y aislantes, ya que es esta disposición la que le permite acumular la carga. Trasladando este principio a la arquitectura, conseguiremos un capacitor biológico a través de la forma adecuada y la composición de los cerramientos o la envolvente del espacio, altenando capas conductoras con capas aislantes, así de "fácil".

Veamos ahora, algunos fundamentos científicos asociados, no tanto a qué pasa con la electricidad, sino a lo que pasa con la biología. Para ello debemos remitirnos a las investigaciones de Wilhem Reich, uno de esos científicos "malditos" que, como Nikola Tesla, fue proscrito por decir la verdad y pretender que la humanidad se beneficiara de sus descubrimientos de forma alturista. Lo que Reich descubrió es que existe una energía en la naturaleza que, dondequiera que se encuentre o se concentre, comienza a generar espontáneamente... ¡la vida! Esta fuerza, capaz de reorganizar las estructuras de la materia allí donde la lógica científica indica que no debería ocurrir nada especial, ha sido denominada por diferentes culturas ancestrales y contemporáneas como life force (New Age), Chi (China), Prana (India), etc y Reich la denominó Orgón. Esta investigación viene a relacionar los conceptos electrónicos con los de la fuerza vital de la naturaleza que, al parecer, aún tratándose de campos energéticos de diferente naturaleza (electromagnética y escalar) funcionan, a efectos de su acumulación, a través de un mecanismo de similares características, lo cual nos es tremendamente útil a efectos de la práctica de la arquitectura.

Os dejo a continuación los enlaces de esta recopilación de artículos de Artur Sala, que merecen toda la atención y no tienen desperdicio para quien desee conocer el origen y fundamento de sus investigaciones, así como las posibles aplicaciones.

  1. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Primera Parte. Del psicoanálisis al orígen de la vida
  2. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Segunda Parte. Del orígen de la vida al descubrimiento de los Biones.
  3. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Tercera Parte. Del descubrimiento de los Biones a la energía orgónica.
  4. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Cuarta Parte. El experimento ORANUR, el D.O.R y el Eter. 
  5. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Quinta Parte. Orgonoscopio, resumen y formas de medir el campo orgónico.
  6. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Sexta Parte. Experimentos con biones y orgonitas.
  7. Wilhelm Reich y el descubrimiento del orgón. Séptima Parte. Construcción de un acumulador de orgón y experimentos.

El objetivo fundamental de un capacitor biológico es la generación de un campo con geometría toroidal de succión, a nivel energético, capaz de transformar el campo electromagnético en energía escalar productora de vida. Ello se consigue combinando diferentes estructuras geométricas cuyo origen básico son los cinco sólidos platónicos y empleando las razones geométricas fundamentales, dentro de las cuales tiene especial relevancia el número de oro, phi, de valor 1.618033988... cuyas propiedades serán objeto de otro artículo.

Dentro de las investigaciones sobre cómo la geometría es capaz de centrar la carga, tiene especial relevancia la investigación del Ingeniero Electrónico Dan Winter.


Finalmente, decir que otro mecanismo empleado para centrar la carga y conseguir puntos de implosión es mediante el recurso de la geometría fractal. La utilización recursiva de reducciones o ampliaciones matemáticas de un patrón, si además éste es de origen natural, cuando se aplican a las disposiciones espaciales y a la relación formal o los niveles jerárquicos, producen formas y espacios capacitivos en sí mismos. Existen diversos procedimientos compositivos para conseguir estos "arreglos". La generación de una geometría fractal a partir de una forma matemática puede ser original pero no siempre va a resultar eficiente a nivel práctico y la arquitectura es o, al menos debería ser, una disciplina eminentemente pragmática. Por ello, existen principios en geometría sagrada (ó sustentable) que, dentro de la complejidad de comprensión del mecanismo, son fundamentalmente simples a nivel de aplicación práctica. Los llamados sólidos platónicos son la base de la geometría sustentable, para lo cual es esencial conocer el proceso del génesis matemático de la flor de la vida.



Como resumen podemos decir que la cualidad fundamental de la arquitectura biológica es su capacidad para favorecer la vida orgánica del ser humano. Una de las características principales de un contenedor biológico es su capacidad de almacenar, transformar y distribuir la carga, concepto que se describe como capacitancia. La capacitancia se obtiene mediante la elección y disposición de los materiales de la envoltura y estructura del edificio, por un lado, y de la geometría de las formas de los elementos que lo constituyen y las proporciones espaciales, por otro.






martes, 1 de abril de 2014

CRITERIOS PARA UNA BUENA ARQUITECTURA IV: EL GRAN Y EL PEQUEÑO ARTE

Es más que probable que el presente artículo despierte cierta aversión. Se trata de una reacción natural que sentimos al sospechar que el terreno firme que estábamos convencidos de pisar no es tal, sino una fina capa que, como el hielo helado sobre un lago, se vuelve peligrosamente quebradizo bajo nuestro peso,... el peso de la necesidad de saber. Por otro lado, antes de empezar a cortar leña diré, en mi contra, que no me considero más capaz, ni mucho menos, que mis objetivos de hoy sino, simplemente, interpelo a una más amplia visión del concepto arquitectónico, la cual pretende integrar lo que hemos aprendido con lo que, desgraciadamente, hemos olvidado y, afortunadamente, estamos re descubriendo en estos momentos históricos.


Tengo que añadir que, si no dejo títere con cabeza, no es por arrogancia sino como llamada a la reflexión profunda acerca de la situación en que nos encontramos (una reflexión más, ni mejor, ni peor). No es que no haya buenos arquitectos, que los hay, y no es que no existan propuestas afortunadas, esfuerzos ni investigación puntera o ideas geniales, que también las hay en abundancia (aunque no sea lo común). Lo que ocurre es que se pueden contar con los dedos de una mano (tal vez la de un manco), los arquitectos que realmente saben lo que tienen entre manos cuando ejercen como tales. ¡¡Al menos, yo no conozco a ninguno!! Por lo tanto yo, que no sé, no sabiendo sé, al menos, que no sé lo cual permite, a cualquiera que se ponga en esta situación, poder ver algunas cosas que otros que "saben" no ven debido, precisamente, a su "saber". Claro que, si este supuesto mal de la ignorancia está tan extendido que alcanza a todo el espectro profesional... ¿Cómo podremos convencernos de que hay otro camino? Pues bien, lo hay porque ya existió en el pasado. Solo hay que desempolvarlo y re descubrirlo, adaptándolo a nuestro estado actual de evolución.

La cara es el espejo del alma... ¿quien dijo esto?

Veamos pues, a qué me refiero con esto del Gran y el Pequeño Arte de la Arquitectura. Para situarnos, podemos hacer una comparación paralela con el Arte de la Escultura. Cualquiera, por poner un ejemplo obvio, podría reconocer a Miguel Ángel como un representante del Gran Arte y... (podría ser cualquier contemporáneo), no sé..., a Damien Hirst (por no hacer sangre), como un magnífico representante del Pequeño Arte de la Escultura; ya que el Arte no debe confundirse con el mercado del arte, que tiene más que ver con la Bolsa o la subasta de pescado que con lo primero. ¿Por qué es esto así? Tal vez, ayude saber que Miguel Ángel constituye uno de los últimos especímenes de su género. Aquel Renacimiento italiano parió lo mejor del Gran Arte y, poco después, coincidiendo con el cambio del calendario juliano al gregoriano, el conocimiento que lo sustentaba dejó de estar al alcance del pueblo, fué directamente prohibido su uso público y pasó a formar parte del patrimonio exclusivo de las Escuelas de Misterios, las Sociedades Secretas y la Masonería lo cual, por otro lado, como siempre había sido pero, ahora, velado para siempre del dominio público en cuanto a sus manifestaciones más populares, entró a formar parte de lo que llamamos Ciencias Ocultas u Ocultismo, conocimiento Hermético, Templario, etc. (Quien y porqué se promovió este cambio es algo que Uds deberían investigar más allá de las razones oficiales).


(*) Aviso: Wikipedia es una referencia fácil para todos, si bien sus contenidos no son nunca 100% fiables

Si damos un pequeño salto de disciplina a la arquitectura podemos ilustrarnos con algún otro ejemplo como la catedral de Notre Dame, en París como exponente del Gran Arte y cualquiera de las obras contemporáneas más célebres (da igual la que sea), como contrapunto. Es decir, actualmente existe una fractura abismal que separa el concepto de la ARQUITECTURA, asociada a lo primero y que podemos declarar extinta de la faz de la Tierra, de la arquitectura, esa absurda disciplina a la que nos dedicamos la mayoría de los arquitectos (los convencidos, por ignorancia, los que no, porque creemos que puede recuperar su sentido verdadero y, los demás, porque es lo que toca). 


Por tanto, podemos afirmar que nuestros antepasados manejaban unos códigos que actualmente desconocemos y que resultan imprescindibles para transmutar lo Pequeño en Grande. La ausencia de dicho conocimiento convierte cualquier acto humano en banal, hablemos de Arquitectura, Política, Medicina u otra disciplina del ámbito humano. Si fué celosamente administrado inicialmente, con el fin de protegerlo de los peligros que entrañaba su mal uso, en la actualidad ha sido secuestrado y se usa únicamente para aquellos fines de los que se lo pretendía proteger, curioso destino. Sin embargo, se trata de un conocimiento positivo, un conocimiento natural y evolutivo, un conocimiento que nos empodera como seres humanos y que nos permitiría alcanzar un nivel de desarrollo parejo con la tecnología actual en otros campos. Este conocimiento se encuentra disperso y a la vista de todos en gran parte, si bien debe ser reunido y administrado de forma conveniente y eficaz. Sin embargo, en tanto esto ocurra no podemos limitarnos a obviarlo sino, al contrario, buscarlo, ponerlo en práctica y compartirlo para crear un fondo activo que presione para conseguir la salida a la luz pública de un cuerpo coherente y ordenado de información transmisible. Tenemos derecho a saber y debemos buscar las fuentes adecuadas. Es más, afirmo que la humanidad tiene derecho a disfrutar del Gran Arte y, consecuentemente, debe exigir este derecho naturalmente.


Veamos un nuevo ejemplo que tiene que ver con Egipto. Si bien hay magníficas pirámides en todos los rincones del planeta, las de Giza son de largo las más conocidas. Existe mucho de lo que aprender en estos lugares. Como se trata de ciencias empíricas, su conocimiento exige dos fases, una de búsqueda y recopilación de datos y otra de experimentación. Para muchas cuestiones, encontraremos maestros dispuestos a iniciarnos y que nos mostrarán los rudimentos básicos de diferentes disciplinas pero, en todo caso, la investigación personal y, sobre todo, la fase experimental son fundamentales. El aprendizaje siempre evoluciona en espiral, es decir, nos movemos en círculos desde la teoría a la experiencia y, con cada vuelta ascendemos un pequeño peldaño. Veamos algunas cosas que nos muestra la Gran Pirámide de Keops relacionadas con su multidimensionalidad y que, probablemente, sonarán a chino. En primer lugar, su posición geomagnética la vincula con el gran cristal de hierro del núcleo Terrestre, energía de primera dimensión pulsante en la frecuencia de Schumann. Su composición granítica, un material paramagnético procedente de las lejanas canteras de Asuán (similar al utilizado por Felipe II en El Escorial, no casualmente) sintoniza con la energía elemental de 2D por su origen ígneo y pertenece al Manto que conecta el núcleo con la corteza Terrestre. También interviene la fuerza y tecnología humanas aplicadas en su construcción, que corresponden a la energía de 3D o tercer campo dimensional. Seguidamente, la conciencia de 4D. La presencia en la gran pirámide puede alterar la conciencia ordinaria en algunos puntos, como la Cámara del Rey, curiosamente, construida con las mismas medidas áureas que la cámara que custodiaba el Arca de la Alianza en el Templo de Salomón, en Jeruralén, de donde sacaron tanta información (de la que nos interesa) los famosos caballeros Templarios. Es decir, actúa en un campo energético activo de cuarta dimensión asociado con la memoria y el inconsciente colectivo. Este espacio ocupa el equivalente virtual del centro de energía de un doble octaedro, cuya parte física emergente es la pirámide que conocemos como Keops y la parte etérica está bajo tierrra formando un conjunto complementario con la anterior. Se trata de una energía 5D asociada al amor divino o energía del corazón, necesaria para la transmutación de lo grosero en sutil y viceversa y funciona como una especie de embudo o colector. A continuación nos encontramos con la Forma de la pirámide, energía geométrica, ondas de forma de 6D. La resonancia de esta geometría está asociada con un sonido determinado que vibra en 7D, energía sónica. Su disposición en conjunto nos remite a la conexión del sistema solar con la Constelación de Orión y las Pléyades, energía de 8D, etc... Se trata solo de un comprimido ejemplo de la complejidad implícita en cierto tipo de construcciones y que afecta a todos sus niveles dimensionales, dado que cada uno trabaja con unas leyes diferentes pero todos en coherencia y conjuntamente con los demás para constituir una compleja maquinaria. No es necesario comprender, solo abrir la mente e intuir de qué se está hablando. (En principio, aclarar que los niveles dimensionales a que nos referimos no se identifican - al menos, literalmente -  con las dimensiones espaciales adicionales que propone la Teoría de las Supercuerdas)


Eso sí, después de comprobar el nivel de conocimiento alcanzado por nuestros antepasados, solo podemos ponernos en una actitud de asombro y perplejidad y, como niños, humilde e inocentemente, tratar de absorber, por todos los medios a nuestro alcance, una pequeña parte del mismo. Lo que esto pone de relieve es que, en la actualidad, trabajamos únicamente en un plano de los múltiples existentes cuando, sin embargo, estamos afectados por lo que ocurre en todos ellos. Por tanto.

Corolario. El Gran Arte es un ARTE TOTAL

  • Un arte total involucra los diferentes aspectos, campos o niveles de energía que intervienen en la acción artística, tanto gruesos como sutiles, integrándolos en un Todo.
  • La Belleza puede definirse como una relación armónica de las partes que resuena en diferentes niveles dimensionales de forma simultánea.
  • La expresión poética siempre se manifiesta de forma predominante en un nivel, pero actúa simultáneamente en todos los demás.
  • El ser humano, así como todo en el universo, actúa y, por tanto, tiene existencia en todos los planos o niveles dimensionales que se relacionan, formando un sistema complejo de interacción entre lo más denso y lo más sutil.
  • La totalidad es la danza de Dios. El objetivo del hombre es esta danza, a través de la cual, Dios se conoce a sí mismo.


Así pues, analicemos un poco más qué interviene en cada nivel dimensional para poder trabajar sobre ellos.


El primer nivel dimensional contiene lo mas denso. Digamos que su rango varía desde lo extremadamente denso hasta los infinitamente denso, el centro del toroide o agujero negro (aquí los astrofísicos ya pierden la pista). Es el pulso de la vida en el planeta y nuestro anclaje a la materia (anclaje del cuerpo físico). Todo lo denso es lento, por lo que se trata de una frecuencia de luz "lenta", digamos que su frecuencia natural es la denominada Resonancia de Schumann y tiene que ver con la forma en que percibimos el tiempo. Este ritmo debe ser considerado en nuestras actuaciones, ya que las frecuencias armónicas con ésta R.S. son favorables y las que no lo son, no (Recordemos que toda forma, genera una frecuencia propia).

El segundo nivel dimensional corresponde a lo que llamamos el mundo elemental, que actúa como resonador e intermediario de entre 1D y 3D. Es el reino de las formas de vida elementales, como virus y bacterias, su densidad varía desde lo normal a lo extremadamente denso y su expresión se materializa a través de las emisiones e inmisiones electromagnéticas que competen al mundo de la geobiología y son detectables mediante la radiestesia, arte zahorí, rabdomancia, etc. Es preciso manejar la forma en que esta energía se expresa en la superficie terrestre para evitar los puntos o zonas geopatógenas.

El tercer nivel dimensional es nuestro mundo conocido y donde interactuamos unos con otros, correspondiendo a lo que denominamos biosfera. Esta fina capa tiene una densidad media y permite el estado de los cuatro estados de la materia del agua, su elemento dominante. Esto es, sólido, líquido, gaseoso y plasmático. Es el mundo de las operaciones dominadas por la mente individual, egóica o inferior y, para la mayoría, el único que existe. Aquí interviene todo lo que tiene que ver con la energía de los materiales, debido a su composición e industrialización, sea naturales o artificiales, brutos o transformados, sostenibles o no. También tiene que ver con todo lo que tiene relación entre la superficie terrestre y el cosmos (o con las otras esferas o sistemas celestes), es decir, el clima, la rotación de la tierra, la influencia de la luna y el sol, los planetas interiores y exteriores, etc. Estos tres niveles corresponden a la parte físico-etérica que somos identificamos como el "mundo de las cosas materiales".


El cuarto nivel dimensional es ya un nivel sutil, si bien no menos importante, y corresponde a los símbolos y los arquetipos, el reino de la magia donde opera la mente o, como llamaba Jung, el inconsciente colectivo. Es de vital importancia contemplar conscientemente este campo y trabajar con sus influencias ya que él interactúa con nuestra vida seamos conscientes de ello o no y, a efectos operativos, es más práctico serlo que no serlo y, sobre todo, que ignorarlo. Se trata de un campo que no es material pero actúa definitivamente sobre la materia a través de nosotros y, por tanto, no siendo material actúa a modo de un tejido de enlace entre todo lo inmaterial y lo material.

El quinto nivel dimensional entra dentro de lo sutil pero muy próximo a la conciencia colectiva que desencadena en la materia del mundo tridimensional. Se trata del mundo emocional que actúa en los seres humanos a través del centro energético o chakra cardíaco, situado en el centro del cuerpo. Los niveles impares resuenan entre sí, de modo que el mundo emocional se puede considerar una abstracción del tridimensional que, a su vez, lo es del unidimensional. Es la forma de canalización de los niveles superiores hacia lo material. Un ejemplo de esto son las formas de acción psicosomática en el cuerpo y la manera en que traducimos estados emocionales en patologías. Debemos permanecer abiertos ya activos en este nivel para traer a nuestra vida lo mejor y más saludable para nosotros y los demás. Se trata de un mundo abstracto cuyo lenguaje no tiene expresión escrita o hablada, por lo que puede resultar difícil de asimilar como un concepto más. Podríamos llamarlo amor, pero no sería correcto, ya que esta energía permea todos los niveles dimensionales y su atributo más destacado es lo que los físicos denominan negantropía. También podríamos llamarlo creatividad, pero no será correcto porque la creatividad es un proceso o cadena y, sin embargo, la energía de 5D es esencial para la manifestación del acto creativo... Mejor lo dejamos así.

El sexto nivel dimensional nos será muy familiar a los arquitectos, ya que se trata del mundo geométrico, el mudo de las medidas o, mejor dicho, de las relaciones entre ellas. La geometría opera en un nivel sutíl de organización de patrones con tendencia a manifestarse y resuena directamente con el cuarto nivel dimensional, el mundo de los arquetipos y símbolos. Sin embargo, requiere del filtro emocional para llegar a esta capa y ser codificado. Ya hemos hablado de geometría anteriormente y lo haremos en el futuro.

El séptimo nivel dimensional corresponde al ámbito del sonido. Tal como indica el libro del Génesis "al principio fué el verbo" (aunque únicamente ne cierto modo). El sonido el la primera vibración y resuena con la energía de 5D (tal vez por ello nos conmueve la música). El sonido actúa directamente sobre el mundo geométrico generando patrones, formas y campos morfogenéticos. Por ejemplo, una variación en la vibración sónica modifica el patrón geométrico de una estructura, tal como nos muestra la ciencia cimática. 


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Al mismo tiempo, cada geometría resuena con un sonido, por lo que hay sonidos creativos, que generan orden, y sonidos destructivos ó entrópicos.

El octavo nivel dimensional es la luz en estado ondulatorio, es decir, actúa a nivel cuántico en el reino de las posibilidades y resonará con el mundo geométrico a través del sonido. Podríamos decir que se trata del mundo cuántico elemental; fotones, gluones, electrones, gravitones y todos otros 'ones emanan de este nivel. Por ejemplo, una cierta corriente eléctrica aplicada con una frecuencia determinada al agua, produce un cierto sonido y puede actuar sobre el spín del electrón del átomo de hidrógeno haciéndolo rotar (cambiar geometría) de modo que su órbita se vuelve incompatible con la del oxígeno y produce una rotura de la molécula, que se descompone en 2H+O. Acabamos de describir un proceso de electrolisis de forma simplificada. Por tanto, luz, sonido, geometría, emoción, arquetipo, materalización, densificación, concentración es un proceso ineludible que debemos considerar en todos sus pasos.

Los niveles dimensionales continúan hacia arriba más y más, pero creo que ya tenemos suficiente con intentar domar estos caballos y hacerlos correr en la misma dirección de forma consciente. Si bien este espacio no da para mayores extensiones sí, al menos, sirve para mostrar lo diferente y compleja que es la realidad respecto a la información, simplista y poco favorable a los intereses humanos esenciales, que hemos recibido de nuestros educadores y que, incluso, nos atrevemos a transmitir a otros como dogmas de fe. ¿No os parece demencial?


Pero no nos vamos a despedir sin hablar del Pequeño Arte de la Arquitectura ¿Verdad? Los críticos de arquitectura de todos los tiempos, los profesores y catedráticos, los editores de libros y revistas de Arquitectura, las intocables vacas sagradas contemporáneas (con sus premios Pritzker bajo el brazo) de esta disciplina, todos sin excepción y no hablo ya del resto, buenos y malos arquitectos, todos ellos actúan en el restringido ámbito del pequeño arte de la Arquitectura, así, sin más, porque la arquitectura no se ocupa, desde hace unos 400 años de otra cosa. 


Es cierto que hubo grandes sabios que conocían y practicaban en secreto con las leyes universales pero el acceso al conocimiento de transmisión oral limitaba mucho el poder abarcar y experimentar con los avances de otras culturas y civilizaciones y, además, quien se dedicaba a cultivar el conocimiento, no tenía tiempo para gastar en estos menesteres por lo que las grandes obras de la humanidad debemos atribuirlas exclusivamente a intervenciones foráneas, sean estas de forma directa o canalizada (No creo que a estas alturas del partido haya quien, al menos, no se cuestione cosas como el origen de los círculos de las cosechas en Inglaterra y otras partes del mundo, por ejemplo). El asunto fundamental respecto al flujo de la información es que, en la actualidad como nunca antes en la historia de la humanidad, disponemos a través de Internet de toda (prácticamente) la información elaborada por el hombre, directa o indirectamente, canalizada o aprendida, falsa o veraz, pero disponible para cualquiera. El conocimiento oculto sigue siéndolo, pero más en el sentido iniciático que en el de disponibilidad de información, digamos, exclusiva. Es decir, hay Maestres o "enseñadores" que conducen a sus adeptos por el camino del conocimiento, si bien esta opción limita tremendamente la libertad del aprendiz para elegir su propio camino y no se encuentra al alcance de todo el mundo. Por contra ¿cómo podemos navegar en esta marea de información indiferenciada y poder discriminar lo que es interesante o necesario para nosotros? Hay que tener en cuenta que cada individuo es diferente y, por tanto, sus necesidades, también. Bueno, la respuesta es que todos tenemos un Maestro interior que sabe exactamente lo que necesitamos y cómo conseguirlo. Solo hay que despertarlo, ese es el problema. Pero, para ello sí existen infinidad de facilitadores a disposición del público general. A medida que el ser humano desarrolla su conciencia, empieza a sintonizar con la información que es afín a él y el universo conspira a su lado a fin de atraer lo necesario. Hay que entender dos cosas, primero, que lo necesario no siempre suele coincidir con lo deseado, ya que el deseo es algo ajeno a la conciencia y, segundo, que el camino es progresivo, se trata de un proceso y no de una puerta que atravesamos a voluntad (aunque bien podría ser así para ciertas personas).


Si observamos cualquier obra contemporánea o de vanguardia, nos daremos cuenta que adolece de multitud de defectos, aunque se trate de "original", "inspirador", "dinámico", "fluido", "puro", "impactante", "funcional" y otros adjetivos similares que se emplean para vestir lo que es vacío en realidad, pues el fin último de la arquitectura, enunciado como primer y único criterio a considerar y que reza así. Si el entorno humano resultante de la actividad arquitectónica es favorable, entonces, la arquitectura es buena, es una condición que no se cumple en cuanto empezamos a considerar el análisis multidimensional. ¡Bueno! Esto representa una gran oportunidad para ser pioneros de esta disciplina ¿no es cierto? ¡Deberíamos empezar hoy mismo!

Por tanto, entendamos el Gran Arte como aquél que persigue la verdad total. Parafraseando a Jodorowski - No podemos alcanzar la verdad, pero podemos aproximarnos a ella a través de la belleza - La belleza puede ser un concepto muy práctico y utilitario y, digamos, cotidiano. No es necesario sublimarla sino aplicarnos conscientemente y con plena atención a su persecución. Pero no existe la belleza sin armonía interdimensional y esa es la razón de que la Arquitectura Contemporánea sea ajena a la Belleza y, consecuentemente, al concepto de Gran Arte o arte total, cuya práctica tiene más que ver con la intención, la curiosidad y los medios que ponemos en juego que con lo sublime.

sábado, 1 de febrero de 2014

LA VIVIENDA RURAL SOSTENIBLE

Ríos de tinta (química y electrónica), infinidad de artículos y comentarios se han vertido en los últimos meses sobre el concepto de vivienda rural sostenible y, más que nunca, a raiz de la Ley madrileña de hace aproximadamente un año (Ley 5/2012) que, si bien puede tratarse de un localismo, nos sirve de pretexto para discutir este tema. No es mi intención entablar un debate técnico-jurídico sobre la naturaleza misma de la Ley y el derecho comparado con otras tantas legislaciones autonómicas (por no hablar de las internacionales), que hablan de lo mismo con otros parámetros. El motivo que me impulsa a comentar esto es la falta de sentido común que percibo, tanto en el legislador, como en el opositor y en la mayor parte de los comentarios que se vierten en torno a este tema.

En primer lugar, quien legisla tiene que saber de lo que escribe y, quien legisla sobre sostenibilidad, debería conocer al menos el significado de este témino, por el mismo motivo que un mudo no imparte clases de canto y un ciego no enseña geometría descriptiva. Por otra parte, quienes se oponen behementemente enarbolando la bandera del ecologismo, tampoco utilizan argumentos solventes sino, más frecuentemente, se abusa del tópico fácil y la demagogia populista, comentarios de taberna como los que emplean los políticos para manipular a las masas. Veamos de qué estamos hablando. 


¡¿...?!

De los tres términos que integran el título de la Ley, el primero no necesita explicación ya que cualquiera entiende, más o menos, lo que es una vivienda (casi todos, hemos tenido la oportunidad en nuestra vida de habitar una). 


Por cuanto al concepto de ruralidad se refiere, ya entraña alguna confusión, si bien se asocia tradicionalmente a las áreas del territorio cuya densidad de población es muy baja. Dentro de éstas (al menos en nuestro caso), son aquellas donde no se concentra la edificación y, por tanto, se encuentran casi deshabitadas y destinadas a usos agrícolas, forestales ó bien, aquellas en que el medio natural manifiesta poca intervención humana... pero, ¿solo esto? Para mí, olvidamos una idea fundamental asociada a lo rural, en concepto de rualidad comprende el área del territorio..., el único área del territorio, que concierne al ámbito de las posibilidades no determinadas a priori, es decir, de las oportunidades y, por tanto, en mi opinión requiere una atención menos superficial y más consciente y atenta, su destino final. Si atendemos a la clasificación del suelo que establece el urbanismo, encontramos una progresiva especialización del concepto de ruralidad que delimita específicamente los diferentes ámbitos espaciales, asignando a cada uno de ellos usos y normas de intervención propias, relacionadas principalmente con la edificación. En la legislación urbanística española diferenciamos básicamente tres clases de suelo, el suelo urbano, el suelo urbanizable o apto para urbanizar y el suelo no urbanizable. Este último tipo es el que nos interesa ya que contiene aquellos ámbitos en los que aún es posible hacer planteamientos no especulativos que neutralicen, en lo posible, los efectos degenerativos, presentes o futuros, asociados irremediablemente a los dos anteriores. El suelo no urbanizable ó SNU se subdivide, a su vez, por razón de su especificidad, valor o interés en otras tantas categorías que cada legislación autonómica establece y protege en base a ciertos criterios que restingen los usos a que puede ser destinado. De estas categorías, existe una que no reúne suficientes cualidades especiales como para ser protegida pero, sin embargo, debe serlo de algún modo para evitar una extensión  indiscriminada de los usos propios del suelo urbano fuera de su ámbito delimitado. Lo llamamos SNU común o suelo rústico, como generalización (entiendo que estos criterios son más o menos homogéneos a nivel internacional, al menos, en lo fundamental).

Por supuesto, nos referimos a los espacios rurales en los que existe una densidad de población muy baja y que disponen de una relación de superficie territorial muy elevada con relación a su población. Estos núcleos padecen despoblación, en muchos casos, y los terrenos quedan sin uso y sin aprovechameinto de ninguna clase, en ocasiones con riesgos incluso de incendio debido a la falta de intervención de la administración competente en zonas remotas, precisamente, por su despoblación. Es decir, existen personas que estarían dispuestas a vivir en este medio si dispusieran de condiciones adecuadas para sobrevivir en él, o sea, existe demanda, y existen cantidades ingentes de suelo sin valores específicos, desaprovechado y sin uso alguno que requeriría de una utilización más favorable, es decir, existe oferta. Como suele decirse, blanco y en botella.


Pues bien, creo que lo mejor que puede hacerse con este tipo de suelo, manteniendo una distancia razonable con el suelo urbano o urbanizable, es usarlo apropiadamente para favorecer el desarrollo de las áreas rurales. La discusión de qué usos y cómo se deben implantar corresponde realizarla en función de las condiciones de desarrollo locales, tema que podemos abordar en otro momento, si bien esto no es lo importante en esta discusión. Lo realmente interesante es que encontramos en este tipo de suelo características que pueden contribuir al desarrollo de las áreas rurales en una forma que es más apropiada para ellas que el uso urbano de concentración propio de las grandes urbes. No sólo eso, me atrevo a decir, que no sólo es posible o apropiado acometer esta reforma sino que, en mi opinión, resulta imprescindible considerar el establecimiento de un uso rural de transición que, por un lado, valorice el uso racional de los recursos rurales y, por otro, establezca una acotación del crecimiento urbano, ya que entiendo que en los ámbitos rurales, las zonas urbanas deben tener restringido su crecimiento por una cuestión de racionalidad urbanística, lo cual no impide que los núcleos urbanos puedan evolucionar funcionalmente.


Finalmente, está la cuestión de la sostenibilidad o sustentabilidad. Entiendo el concepto de sustentabilidad como algo asociado a las leyes naturales. La naturaleza es quien dispone las condiciones de sustentabilidad, no los hombres. Lo lleva haciendo millones de años sin nuestra "ayuda". Sin embargo, el hombre es una pieza esencial en el equilibrio del ecosistema terrestre y sus actividades forman parte del mismo. Una inteligencia ecológica, es decir, que contemple el equilibrio de relaciones sistémicas es bueno para la Tierra y es bueno para el ser humano. El quid de la cuestión no se encuentra en el qué sino en el cómo. Es esta última condición la que introduce el principio discriminatorio de la intervención humana y su alcance. Esto nos lleva a la siguiente consideración. No tiene sentido emprender una acción de ocupación del medio rural con una vivienda de vacaciones porque este uso nunca (o, difícilmente) va a ser sostenible en términos de compatibilidad en el intercambio de energías con el medio natural. Es decir, el medio no recibe nada a cambio de lo que aporta. Aquí entramos de nuevo en el debate sobre economía sagrada posteado anteriormente y cuya lectura recomiendo. En mi opinión, una construcción, vivienda o no, en suelo rústico únicamente tiene sentido, y por tanto justificación, en un contexto de intercambio ecológico, es decir, de impacto neutro o positivo con el medio ambiente y para ello debe estar vinculada necesariamente a una actividad capaz de devolver a la naturaleza, en el peor de los casos, lo mismo que toma de ella sin generar una huella negativa. Este es el reto al que nos enfrentamos al construir en suelo rústico, un reto superable ya que la energía humana necesita reconciliarse con la naturaleza y no hay reconciliación posible sin relación, sin intercambio.


Para establecer este tipo de relación armónica debemos situarnos en una posición de resonancia con el lugar, refinando nuestra sensibilidad y permiténdonos percibir los mensajes que se nos transmiten contínuamente mediante una escucha activa. Es necesario percibir el sistema completo y sus interacciones con la actividad humana. La mente puede procesar datos y analizar muchas cosas pero no nos permite comunicarnos con la naturaleza porque ella no tiene mente. Sin embargo la naturaleza es consciente y se comunica con nosotros a través de un lenguaje en la frecuencia de las emociones. Está científicamente demostrado que las plantas tienen emociones y el lenguaje de la emoción es universal. Cuando dos emociones son armónicas, hay resonancia y se produce una onda amplificada que nuestro sistema nervioso percibe. Los pueblos indígenas del Amazonas, por ejemplo, desarrollan desde niños esta capacidad y nosostros debemos recuperarla si queremos intervenir en el medio rural en términos de sostenibilidad. Si uno no puede, hay personas que están capacitadas para ello y pueden ayudarle a conseguirlo. Una vez obtenido el permiso del lugar y sellado nuestro compromiso, su energía colaborará a potenciar nuestro proyecto y sentiremos los resultados en todos los aspectos.


lunes, 16 de diciembre de 2013

LA CASA VIVIENTE

El presente artículo viene a poner de relieve cómo la conciencia se extiende a todos los actos que la propia conciencia crea. Si la creación del hombre, en nuestro caso la arquitectura, tiene una intención consciente por cuanto viene a ser un complemento o extensión de nuestra parte física, la edificación tiene una interacción biológica y no se trata de una simple masa inerte. Veamos cómo y porqué.


En primer lugar, debemos partir de lo genérico y ampliamente aceptado por la ciencia ortodoxa. Sabemos, a través del postulado principal de la Teoría de la Relatividad de Einstein, que materia y energía son conceptos
equivalentes; es decir, puesto que todo a lo que tenemos acceso con nuestra percepción básica a través de los cinco sentidos es material, podemos llegar a la conclusión que aquello que vemos, tocamos, sentimos con nuestra piel, oímos o gustamos es, básicamente, energía en una forma más o menos densificada. También sabemos, en mayor o menor medida, que existen otros tipos de energía como la luz que recibimos del sol, la energía eléctrica que hace funcionar nuestros hogares, que un coche se mueve debido a la fuerza térmica producida al quemar combustible en el interior de su motor ó que la fuerza del viento es capaz de producir movimiento que se puede transformar en trabajo ó energía... y poco más. 



Para la mayoría de las personas de nuestra sociedad moderna es inconcebible ir más allá de aquello que se puede comprobar con la vista, el oído o el tacto y, dado que este nivel de experiencia limita mucho las posibilidades de conocer la realidad, el ser humano común recurre a completar su visión del mundo a través de información foránea que procede fundamentalmente de los dogmas de la cultura imperante, donde tienen una gran influencia los medios de comunicación de masas y la religión. En este contexto cultural, donde la información que recibimos viene ya predigerida y la experiencia personal es tan pobre, las posibilidades de comprensión de la realidad son realmente limitadas. La única fisura que existe en este sistema y que constituye la auténtica posibilidad de eliminar estas limitaciones es la posibilidad de comprobar personalmente que la cosmología oficial difiere sustancialmente de la realidad comprobable, a poca atención que ponga uno en lo que observa a su alrededor. Dicho esto, queda de manifiesto que el presente artículo va dirigido a una reducida minoría de personas, aquellas capaces de aceptar que la realidad es mucho más compleja y, a la vez, más simple si nos esforzamos en aceptar la existencia de otros niveles de energía a nuestro alrededor.


Básicamente, tendremos que aceptar que, en cuanto materia, somos esencialmente constituidos por energía, pero ¿qué clases de energía hay? Los experimentos más popularmente conocidos de la física cuántica ponen de relieve la existencia del pensamiento o, generalizando, la conciencia como la enzima o catalizador que precipita o condensa la materia, luego estamos hablando de una energía cuyo origen es la conciencia y, en última instancia, de que todo es y, por tanto, tiene consciencia. Pero ¿cómo crea, como codifica la conciencia esa energía para condensar la materia? La física moderna también reconoce la existencia de múltiples dimensiones que coexisten y cuyas energías permean e intercambian información en diferentes niveles. Además, toda energía es susceptible de ser codificada y reducida a una vibración con una forma de onda determinada. El código formativo puede expresarse matemáticamente, es decir geométricamente. Por tanto, queda manifiesto que existe un campo de conciencia que emite formas de onda (u ondas de forma) que pueden ser expresadas geométricamente en múltiples dimensiones y que se manifiestan en cada una de ellas de forma específica.

Si llegamos a la conclusión de que toda materia está originada por la conciencia y que somos parte de ella, entonces, es fácil poder reconocer que el universo es una gran sopa de conciencia y que, consecuentemente, todo lo que nos rodea está constituido por diferentes formas de manifestación de este fenómeno. Este fenómeno es único aunque se manifiesta de forma múltiple y cada aspecto de la manifestación remite a la totalidad, lo cual no es más que una descripción del concepto holográfico, otro de los puntales de la física moderna. A su vez, el concepto holográfico nos remite al de fractalidad, que no es más que una propiedad que manifiesta la autoreferencia y posibilidad de anidamiento geométrico de forma infinita y, por tanto, de acumular, transmitir y comunicar información entre lo grande y lo pequeño, haciendo expresión del célebre Principio Hermético de Correspondencia “como arriba, es abajo” enunciado hace más de 5.000 años.


Otra idea importante está relacionada con el concepto de campo, entendido como ese lugar físico o conceptual en el que rigen ciertas fuerzas y leyes de funcionamiento. La energía se organiza a través de campos y existen campos energéticos muy diversos, todos ellos con un origen consciencial. Una de las propiedades que contempla la teoría de campos es su capacidad de interferencia. Es decir, existen niveles de energía en los que los diferentes campos pueden alterar las condiciones de otros campos si entran en contacto o se superponen con ellos. Finalmente, es necesario dar una pincelada sobre la anatomía energética del hombre, aunque aquí ya entramos en sutilezas en las que la ciencia ortodoxa no tiene instrumental para medir y calibrar.


Podemos identificar, a nivel básico, un componente material y energético en el estado más denso que llamamos campo o cuerpo físico-etérico, también una parte regida por cierta sensibilidad y lenguaje interno de tipo emocional que, si bien se superpone a la anterior, intuimos como algo con un funcionamiento diferente y que tiene cierta autonomía, el cuerpo emocional; además, podemos identificar una tercera parte regida por el pensamiento, las imágenes, los sonidos y palabras, el razonamiento, etc que constituye el cuerpo mental y aquí nos quedamos, de momento. Esta relación energética del hombre y todo elemento terrestre con el cosmos se manifiesta a través de las seis direcciones espaciales, cuatro horizontales asociadas a los puntos cardinales, el eje magnético y la rotación terrestres y dos verticales, una cósmica y otra telúrica y cuya expresión geométrica es el octaedro.
 

Dado que toda energía se corresponde con una forma y esta relación es biunívoca, a cada forma corresponde un patrón energético. Esto se cumple tanto a nivel de la geometría de una molécula de ADN como al nivel de una pirámide egipcia o al de una esfera solar. Toda materia se corresponde con una forma interna, por su composición molecular y una forma externa determinada por sus límites espaciales y toda forma crea un campo de energía en una frecuencia propia, llamada onda de forma que puede interferir con la energía de otros campos de similar nivel de vibración. En este sentido, las ondas de forma interfieren directamente con los campos energéticos sutiles del ser humano, el cuerpo etérico, el astral y el mental, básicamente, y pueden ser bioestimulantes, neutras o biodegenerativas. Cada material también genera o induce campos de energía procedentes de su estructura interna a nivel molecular. La información que contienen estos campos puede ser de origen natural o codificada artificialmente por diferentes procedimientos, como en el caso de los símbolos, mandalas y yantras, los remedios homeopáticos o florales o, bien, los resonadores radiónicos, por poner algunos ejemplos. Este punto es esencial cuando se trata de una construcción habitable, tan esencial como desconocido. Existen, además, infinidad de otros campos de energía que interfieren con el biocampo humano, ondas de radio, microondas de telefonía móvil y wifi, ondas ELF producidas por la corriente eléctrica, las generadas por todos los aparatos eléctricos y pequeños transformadores de la vivienda, etc, todas ellas nocivas y capaces de atravesar cualquier material de construcción, lo mismo que ocurre con las emisiones que estudia la radiestesia, procedentes de las líneas geomagnéticas de la Tierra, redes en forma de cuadrícula según los ejes magnéticos terrestres y a 45º de los mismos que tienen diferentes dimensiones y actividad geopática, la cual se incrementa en presencia de otros campos electromagnéticos y en la vertical de corrientes de agua subterránea (incluidas las aguas canalizadas y desagües) y fracturas o fallas geológicas. 


Más allá de todo lo anterior, se encuentra la propia energía vital que ocupa la biosfera terrestre, cuya generación y movimiento es imprescindible para alimento de todos los organismos vivos y que recibe diferentes denominaciones según la cultura de que se trate, tales como éter, qi ó chi, prana, orgón, etc y a la que, en coherencia con esta exposición, llamaremos energía etérica pues su función principal es nutrir el cuerpo físico-etérico. La gestión de esta energía en relación con las construcciones es el objeto de disciplinas como el Vastu o el Feng Shui, cuando tratamos con espacios habitables. 


Si utilizamos una analogía biológica, cada parte de una vivienda se puede asemejar a las constituyentes de los sistemas vitales. Así podemos ver como una vivienda dispone de una estructura o esqueleto y una piel o cerramiento, un sistema circulatorio y de evacuación de aguas, un sistema nervioso o eléctrico, aparato digestivo o cocina, sistema respiratorio con ventanas y puertas que, a su vez, permiten ver y establecer un contacto con el exterior, un sistema de regulación de la temperatura y, asimismo, las funciones de dormitorios y baños pueden asociarse a ciertas funciones orgánicas. Por tanto, a nivel conceptual, la vivienda se podría asemejar bastante a una réplica inanimada de un ser vivo ¿no es cierto? Además, la vivienda dispone de ciertos organismos, humanos o no, que circulan por su interior realizando diferentes actividades y haciendo que las funciones de la vivienda, a su vez, entren en acción. Por tanto, la casa se construye para vivirla y, en mi opinión, aquello que se vive también tiene vida, pues la complejidad de campos de enenrgía y conciencia que la constituyen entran en convivencia e interferencia necesariamente con los de sus habitantes y visitantes, constituyento un todo. Pero ¿es esto un despropósito? Las antiguas tradiciones esotéricas y mágicas, como la Kabala hebrea, hablaban de procedimientos para animar la materia inerte mediante la construcción de un gólem, por ejemplo, acción en la que tiene un papel fundamental el componente ritual e intencional. Con independencia de lo estrafalario que esto pudiera parecer, considero que, al menos a cierto nivel y a la vista de todo lo comentado anteriormente, no se puede descartar el hecho de que, cuando se construye una vivienda y se pone una gran carga emocional y esfuerzo en tal empeño, se cuida el lugar donde se asienta y los materiales que la constituyen y se contemplan los factores y posibles afecciones antes mencionadas, más aún si se construye con las propias manos, existe un ritual de acción e intención mediante el que proyectamos deseos y emociones por el cual, esa construcción o conglomerado de materia, adquiere forzosamente un cierto nivel de coherencia consciente que será muy provechoso para sus ocupantes si se ha atinado lo suficiente. Del mismo modo, si no se han considerado las posibles afecciones negativas, bien procedentes del terreno, del entorno electromagnético, de los materiales de construcción, de las formas empleadas o de cómo funciona y circula la energía etérica por la vivienda, cosa que me atrevo a afirmar ocurre en el 99% de los casos, adquirir y habitar una vivienda se puede convertir en una auténtica lotería de imprevisibles consecuencias.


La vivienda puede ser un espacio amigable que aporte vitalidad y prosperidad a sus habitantes, armonía en las relaciones, un espacio saludable y sanador para la familia y, como no, un campo de energía viva y consciente que actúe en resonancia con nuestros campos sutiles y contribuya al propio desarrollo evolutivo y espiritual. Con esta intención se elevaron en la antigüedad magníficas construcciones cuya presencia aún nos sobrecoge. 

También existen casos particulares de construcciones donde nuestro inconsciente envía señales negativas y nos producen inquietud y rechazo. No discutiría que ciertos edificios poseen un refinado nivel de inteligencia
derivado de sus formas y su integridad geométrica interna y externa. En cualquier caso, si atendemos a la relación materia-energía-conciencia y al poder creador del pensamiento reforzado por las emociones y los procesos rituales, podemos comprobar que todos estos ingredientes se encuentran presentes en la construcción de una vivienda y, por tanto, esta construcción es algo cualitativamente más complejo que un simple contenedor hueco. 

Por otro lado, una construcción puede acumular tal cantidad de infortunios como para llegar a ser tremendamente perjudicial para sus ocupantes. Esto puede traducirse en problemas de salud, laborales y relacionales y, si bien el caso extremo es excepcional y la mayor parte de las edificaciones se encuentran en una zona intermedia, el asunto es lo suficientemente grave como para ser ignorado sin más. También es preciso decir que la mayor parte de las construcciones existentes, yo diría que actualmente un 75% al menos, se encuentran entre el estado neutro y el más nocivo dado que, debido a la acumulación de factores negativos en las ciudades, donde se concentra la mayoría de las edificaciones, la calidad biótica es siempre inferior a los niveles necesarios para nutrir nuestro organismo. El 90% del espacio urbano actual se puede considerar enfermo en cuanto a los niveles energéticos biocompatibles se refiere. Este es el motivo por el cual sentimos esa acuciante necesidad de contacto con los espacios naturales. 

(*) Chi negativo

Afortunadamente, cada vez un número mayor de personas escapan de los patrones de pensamiento dirigido y adquieren conciencia, aunque sea a nivel intuitivo, de que algo no marcha por el camino adecuado en la vorágine de las ciudades, que se pierde más de lo que se gana en términos globales y que merece la pena plantearse alternativas más inteligentes y saludables. Todos ellos acabarán triunfando con las decisiones amparadas en esta intuición. 

(*) Chi positivo

Por cuanto al diseño se refiere, no existen limitaciones a la creatividad de los arquitectos en cuanto a las posibilidades pero, evidentemente, hay formas más fáciles de manejar que otras o, podríamos decir, menos peligrosas. Quien arriesga, debe hacerlo con un gran dominio y conocimiento de lo que ello implica, sabiendo corregir y equilibrar el conjunto para crear un todo armónico. Una forma no tiene por que ser pura para ser eficaz energéticamente, sino guardar ciertas proporciones y relaciones. Se trata de coherencia y armonía, simplemente. El diseño es un juego consciente donde la propia percepción, si la educamos, establece un buen criterio de validación. Podemos hablar de una forma absolutamente segura como es el círculo y la esfera, aunque tiene sus limitaciones y de nada servirá, además, si la construimos en materiales inadecuados como hormigón armado o sobre una geopatía agresiva. Los materiales naturales utilizados en bioconstrucción son mayoritariamente de una calidad bioenergética favorable o, en el peor de los casos, neutra, mientras que el acero, el aluminio y el plástico generan ambientes cargados positivamente por diferentes motivos y bloquean el flujo energético, lo cual no es nada saludable. Resulta difícil, por no decir imposible, encajar en un nivel de excelencia todos los factores que intervienen en el emplazamiento, disposición, forma y construcción de una vivienda si bien, la sola consideración de los mismos nos llevará a descubrir nuevas posibilidades creativas donde el resultado de la experiencia sea más importante que nosotros mismos. Todo lo que rodea a la edificación tiene influencia sobre ella y, por tanto, debe ser considerado y esto es aplicable, tanto a nivel físico como en lo cultural o social.